Editorial

Mi bien decir

Una de las manifestaciones más contundentes de lo que hay  en nuestros esquemas mentales, emocionales y espirituales, son nuestras palabras, nuestras historias, narrativas, lo que decimos de nosotros y de otros, revela lo que hay en nuestro interior. (Mt, 12:34)

Lo que marcó nuestras emociones, lo que se plasmó en nuestros pensamientos funcionan en una dinámica de vaivén, o de circularidad: soy lo que hablo y hablo de lo que soy.  Así afirma la Palabra de Dios “Cada uno se llena con lo que dice y se sacia con lo que habla” y esta circularidad es capaz de generar una fuerza destructiva o constructiva como también dice la Biblia en la colección de los Proverbios: “En la lengua hay poder de vida y muerte… los labios del necio son causa de contienda; su boca incita a la riña. La boca del necio es su perdición;  sus labios son para él una trampa mortal”.

Por lo dicho, vale la pena reconocer el consejo del contemporáneo Miguel Ruiz, de hacer un “acuerdo”  porque nuestras palabras sean impecables (sin pecado).

Comencemos por hacer un registro de nuestras palabras, historias o narrativas de cada día, incluso pedir que alguien cercano nos ayude registrando lo mismo,  y por la noche evaluemos como esta nuestro corazón, y si necesita tratamiento pues buscarlo con urgencia.

Departamento Cuidado Pastoral Asoma