La política es una ciencia y un arte de gobernar, exige dominio teórico y práctico con el fin de mediar entre unas circunstancias dadas y las necesidades de la persona y las personas.

El problema inicia cuando hay diferentes ideologías que no logran ponerse de acuerdo en la operatividad de esa mediación, continúa cuando se entiende que gobernar es un privilegio de control del poder para beneficios personales o de un pequeño grupo de personas y se completa por la normalización de la falta de integridad en las personas. Casi nada se hace para corregir ese camino y sus consecuencias son nefastas para las sociedades.

En América Latina, el ejercicio de la política carece terriblemente de dominio teórico y práctico, se acepta como normal que acceder al poder de influir en la política sea sinónimo de acceder al beneficio de una nueva posición económica, personal, familiar y de amistades, y también se normaliza la corrupción y el robo.

Dada esta coyuntura no es difícil ver campañas para elecciones, más parecidas a desfiles de carnaval o el anunció de la llegada de un circo de barrio. En lugar de dominio teórico de la política gana quien tiene dominio escénico de artista, en lugar de dominio práctico del arte de gobernar, gana el que tiene dominio de manipulación religiosa, y la población se contenta con saber que se beneficia con la corrupción, pero al menos hizo alguna obra.
 
Sólo a manera de análisis y propuesta quiero dejar apenas dos principios, entre muchos, encontrados en el Libro de Génesis capítulo 41, en un episodio de la vida de José ligado al ejercicio de la política.

José le respondió al faraón: «El sueño de mi señor el faraón es uno solo. Dios le ha hecho saber lo que él está por hacer».

Primer principio, las circunstancias, realidades o situaciones, tienen un sólo gobernante y controlador supremo: Dios. Quien quiera gobernar con éxito debe conocer de primera mano lo que Él está por hacer, es decir cómo se presentarán las condiciones, a eso le llaman información privilegiada.

José dijo: «Su Majestad debe buscarse ya un hombre inteligente y sabio, y ponerlo al frente de la tierra de Egipto»

Segundo principio, quien ejerza política debe ser inteligente (dominio teórico) y sabio (dominio práctico) y esta persona debe estar motivado por un sincero deseo de servicio a la sociedad, no sólo personal.

Lamentablemente en nuestros países no existe esta práctica de la política, y por eso, aunque vivimos en temporada de vacas gordas, dejamos que unos pocos devoren a la gran mayoría como si fueran vacas flacas y feas.

Departamento Cuidado Pastoral Asoma