El llamado de Dios

El capítulo 25 del Evangelio de Mateo es la puerta al inicio de la pasión de Jesús, y en él encontramos tres parábolas que son cruciales para comprender la vida cristiana: Parábola de las 10 vírgenes, parábola de los talentos y la parábola de las ovejas y las cabras.

En estas enseñanzas encontramos que hay un llamado general, sin importar los ministerios específicos, todos deben perseverar atentos y preparados para la venida del “novio” Jesucristo, no sólo con lámparas sino con vasijas de aceite, es decir, no sólo con la apariencia externa de religiosidad sino con abundancia del Espíritu que genera la combustión, ese es un esperar prudente.

Una espera prudente también se manifiesta en la manera como “negociamos y ganamos” los recursos recibidos, unos más, otros menos conforme a la capacidad de cada quien. El tiempo, las relaciones, las habilidades, el trabajo y dinero, todos estos recursos de Dios prestados a nosotros, deben generar rentabilidad en la economía de Dios.

Y en la economía de Dios, el servicio amoroso al prójimo es colocado como indicador imprescindible de nuestra comunión con Cristo, es un llamado esencial a cada creyente para garantizar la autenticidad de su fe.

Estas enseñanzas de Jesús nos encaminan a un momento decisivo en nuestras vidas para moldearlas a los requerimientos del corazón de Dios, y en todos los casos, hay una consecuencia anunciada de bienestar o calamidad. Dios quiera que escuchemos ese llamado y tomemos acciones para vivir en consecuencia con el Evangelio.

Departamento Cuidado Pastoral Asoma