Divide et Impera

Tras el  grito “el pueblo unido jamás será vencido” la sociedad procuraba la unidad por una causa común, lo cual  ponía a temblar a malos gobernantes. Sin embargo ahora el suave e imperceptible susurro: “Divide et impera” logró desbaratar la cohesión popular y garantizar así la perpetuidad de los peores y más corrompidos gobiernos.

Pocas y debilitadas son las organizaciones que promueven la justicia y la equidad en un contexto extremadamente injusto y violento. Ahora los líderes, hombres y mujeres del pueblo mueren sin que nadie logre hacer oír su clamor, ni hacer visible su dolor, a pocos les importa los mártires, sólo sentimos en el corazón lo que los medios manipulados ponen en nuestros ojos.

La iglesia cristiana no es ajena a este fenómeno, hoy las divisiones entre nosotros son más marcadas que nunca, proliferan las congregaciones “independientes” y las acusaciones y descalificaciones mutuas son el pan diario. Aquellos organismos que promovían la unidad entre cristianos quedaron en nada, dejando con su desaparición vía libre al imperio de la individualidad y el egoísmo, mi iglesia, mi negocio y consecuentemente ningún impacto con el Evangelio de Jesucristo, porque sin unidad no hay confianza.

Bien decía el Maestro: “Si un reino está dividido contra sí mismo, ese reino no puede mantenerse en pie. Y, si una familia está dividida contra sí misma, esa familia no puede mantenerse en pie”. Marcos 3:24.

Por eso llama la atención en las reglas de la democracia en Ecuador, que alguien pueda ser elegido con el mínimo del 15% o 20% de aceptación, frente al rechazo de la mayoría de la población 80%, pero fraccionada y dividida.

Que necesario resulta que las enseñanzas de Jesús, a quien decimos ser también Señor, (Juan 17:21) provoquen la obediencia que nos una como familia de la fe, para actuar en amor e impactar con el poder de Dios, que es el Evangelio, para que todos crean y se salven.

Departamento Cuidado Pastoral Asoma