Construyendo juntos

El 8 de marzo tiene una renovada fuerza cada año y que pone en evidencia las injusticias y violencias que sufren las mujeres en todo el mundo. Lo que no se dice es que, al mismo tiempo, se refuerza la idea que este tema es un asunto solamente de mujeres y en nada compete a los hombres, aumentando el antagonismo entre los sexos.

El Evangelio propone un camino distinto, de unidad y solidaridad entre todas las personas, un camino que incluya a todos y nos lleve a construir la verdadera justicia, porque la construimos juntos.

Para construir y caminar dejamos estas huellas de dos mujeres Latinoamericanas, Eunice y Miriam, que han dejado en el camino:

“Ese lugar soñado y anhelado, diverso e incluyente, abierto y acogedor, donde el amor en sus múltiples facetas y expresiones es vivido y no exigido; donde los cuerpos son libres para ser, para darse y compartir, para disfrutar; un lugar y tiempo donde nadie los violenta, los compra, los chantajea, los oprime, los descarta. Un tiempo y lugar con dignidad y respeto mutuo”.
 
Creo en el Jesús humano, amigo y compañero que acompañó y restauró a enfermos y marginadas, en el Jesús que compartió la mesa con pecadores y comparte nuestro camino hoy; en el Jesús que tocó a los niños y niñas, las mujeres; en el Jesús que reía, comía y bebía.

Creo en el Espíritu Santo que dio aliento y fuerza a la joven María y a José, moró en ellos, los acompañó en la nueva responsabilidad de tener un hijo en medio de una situación social opresora e injusta, y nos exhorta a que hoy seamos libres y al mismo tiempo nos comprometamos con las situaciones que se avecinen en el contexto que vivimos.

Creo que podemos llegar a ser una comunidad de creyentes segura, donde no quepa la neutralidad, la desunión, exclusión o la parcialidad con los que ostentan el poder, y seamos una comunidad donde el amor, el respeto, la misericordia comprometida y la justicia sean sus marcas.

Creo que los seres humanos podemos perdonarnos más y culparnos menos.

Departamento Cuidado Pastoral Asoma